Reacciones exageradas, repetición de los mismos errores, problemas de comunicación, dificultades en las relaciones con la pareja, la familia, el trabajo o los amigos… Son señales que indican que nuestro Niño Interior, esa parte de nuestra infancia anclada en nuestro inconsciente, está herido y debe sanarse.

En las zonas profundas de nuestro ser adulto habita un Niño, cuyo estado psicológico determina las emociones o los sentimientos predominantes, formas de reaccionar, rasgos importantes de nuestra personalidad y muchas de las experiencias que vivimos o atraemos a nuestra vida. Para recuperar la ilusión, vivir feliz y sin auto-limitarte debemos sanar las heridas o traumas de ese Niño Interior.

A lo largo de nuestra infancia, sobre todo en los primeros siete años de vida, vamos atravesando sucesivas etapas en nuestra relación con nuestra madre, familia y entorno que resultan vitales para nuestro desarrollo y marcan nuestra personalidad.

Algunas de esas etapas de desarrollo psico-emocional y social se relacionan con la confianza, el apego con una varias personas, la separación e individuación, el narcisismo, la autoevaluación, la identidad sexual, la iniciativa, el sentido del yo y la competitividad, entre otras.

Si resolvemos adecuadamente cada una de esas facetas pasamos a la siguiente etapa en nuestro desarrollo, madurando adecuadamente, y aprendiendo a resolver de forma adecuada y madura las pruebas que la vida nos va poniendo.

En cambio, si se ha producido algún trauma o herida psicológica en esa etapa, y no se ha resuelto adecuadamente -sintiendo la emoción, expresándola y siguiendo hacia adelante- aunque continuamos creciendo, nos quedamos fijados de alguna manera en esa faceta infantil.

Debido a ese enquistamiento o fijación, cada vez que se produce en la vida una situación que se relaciona con ella, es decir cada vez que tocamos esa herida psicoemocional, tenemos una reacción exagerada, inadecuada o neurótica, una respuesta típicamente infantil, a veces de rabieta.

Con el ritmo de vida actual cargado de prisas y estrés acumulado, a menudo no nos damos cuenta de que a veces reaccionamos de forma desproporcionada a los estímulos que recibimos. Este ser que mostramos es nuestro Niño o Niña heridos.

EN REALIDAD NADA ES NUEVO, SEGUIMOS RECREANDO NUESTRA INFANCIA, UNA Y OTRA VEZ, UNA Y OTRA VEZ…

Pero para detener este circulo vicioso podemos reconciliarnos con el Niño o Niña que hay en nosotros, tratando de darle un espacio y un tiempo que le permita sentir, ser y estar, procurando despertarle y sanarle, y así volver a conectarnos con la ilusión, la alegría, la espontaneidad y la risa.

ES CLAVE PARA TU FELICIDAD AMAR A TU NIÑO INTERNO, CUIDARLE, ESCUCHARLE, PORQUE EL AMOR HACIA TU NIÑO INTERIOR (HACIA TI MISMO) REPARA EL DOLOR DE LA INFANCIA, Y LO SANA TOTALMENTE, Y YA DESDE AHÍ , DESDE TU ESENCIA PUEDES BRILLAR…

 

M.JOSÉ CABANILLAS